lunes, 5 de julio de 2010

Osiris: el hirviente infierno planetario


Seguro que habéis oído hablar del planeta HD 209458 b u Osiris, como se le llama coloquialmente, aunque la IAU no lo ha aceptado así todavía y lo sigue llamando HD 209458 b.
Osiris era el Dios egipcio de la resurrección y de la fertilidad del río Nilo. Los antiguos egipcios asegurarían que este júpiter caliente tenía que ser obra suya y por eso nos recuerda a él: el planeta sigue orbitando más de 100 veces por cada año terrestre a su estrella, HD 209458, a pesar de las temperaturas tan elevadas que alcanza.

Este extraordinario planeta se encuentra en la constelación de Pegaso a unos 150 años luz de la Tierra y es mucho mayor que ésta, unos 200 veces más grande. La distancia que separa a Osiris de su estrella es extremadamente pequeña: 6.500.000 Km, lo que traducido al sistema solar sería una octava parte de la distancia entre Mercurio y el Sol. Esto es precisamente lo que hace que se alcance una temperatura media de nada menos que 1.000°C y se convierta en un enorme e hirviente infierno planetario en el que las condiciones extremas hacen desencadenar extraños fenómenos atmosféricos.
A causa de las altas temperaturas, Osiris pierde la sorprendente cantidad de ¡500.000 toneladas de aire cada segundo! Este escape de gas genera una inmensa nube de hidrógeno y helio alrededor del planeta y su atmósfera se va virtiendo en el espacio arrastrando la enorme estela de miles de kilómetros de extensión que deja el planeta (se puede ver en la imagen).

Hace un tiempo, cuando el Hubble analizó su atmósfera, detectó sorprendentemente muchos de los elementos básicos para la vida: sodio, carbono, hidrógeno y oxígeno; pero HD 209458 b es demasiado ardiente para la vida como la conocemos y además no tiene superficies sólidas como en la Tierra, así que los posibles microbios que fueran capaces de aguantar deberían de flotar en su atmósfera. Los científicos afirman que no se ha encontrado ningún tipo de vida que florezca allí y es casi seguro que la vida no exista en los júpiters calientes.

Ya en la actualidad se conocen varios de estos planetas extremadamente abrasadores, pero las condiciones que reinan en estos mundos los convierten en inhóspitos lugares donde el desarrollo de la vida es prácticamente imposible.

De todas formas, los científicos no se cansan de buscar el Santo Grial de la ciencia: un planeta capaz de cultivar vida.

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